El actual estudio de las células se remonta a varios siglos atrás, cuando aparecen los primeros microscopios ópticos, y un naturalista en sus observaciones percibió algo parecido a un panal de abejas, con celdas muy pequeñas unidas entre sí, a las cuales llamó células (celdas).
Pocos años después fueron descubiertas células que podían moverse libremente y no aparecían formando celdas como en las plantas, a partir de este punto se les comenzó a clasificar por el grueso de su conjunto y forma. A las células de los seres vivos pluricelulares como las plantas y los animales se les llamó eucariotas (con núcleo), y a las de los seres vivos unicelulares como las bacterias se les llamó procariotas (sin núcleo).
Varios siglos después, de la mano con la evolución de los antiguos microscopios y la aparición de los microscopios electrónicos, fue posible ver un abrumador número de nuevas formas en las células que antes no eran posibles de ver. Todo ello dio pie a un vasto universo de nuevas investigaciones e hipótesis sobre las células que aún hoy tienen mucho camino por recorrer.

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